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UN LUGAR UNICO

Restaurante “La Parrilla de San Lorenzo” en Valladolid.

La Parrilla de San Lorenzo forma parte del Real Monasterio de monjas recoletas de San Bernardo, instaladas aquí desde 1596 con el apoyo de Felipe II.De pronto el comensal experimenta la inusual sensación de encontrarse almorzando como en su propia casa. Sin inhibiciones, pero disfrutando de las ventajas de un confortable restaurante que es, a la vez, un singular museo de arte.

En lienzos de pared, en hornacinas, en rincones entrañables del espacio interior, La Parrilla de San Lorenzo exhibe una cuidada selección de obras (cuadros, tallas, objetos artísticos diversos) configurando un ambiente de alta calidad estética, sin perder un ápice de confort y comodidad. Recientemente, la ampliación de nuevos espacios ha enriquecido La parrilla con amplias galerías subterráneas, excavadas en dirección al río. Galerías en el doble sentido espacial y artístico que alberga, en su formato de majestuosos comedores, un conjunto de nueva obra artística, imposible de describir en estas líneas.

Para la creación del restaurante La Parrilla de San Lorenzo se pensó en un ambiente donde el comensal se encontrara a gusto, dentro de un entorno artístico. Las obras de arte, los objetos de valor y las piezas antiguas, convierten la experiencia de comer y compartir la mesa, en un acto altamente gratificante.

En los entrañables rincones de La Parrilla de San Lorenzo se exibe una cuidada selección de obras: cuadros, tallas, objetos artísticos diversos, configurando un ambiente de alta calidad estética, sin perder un ápice de confort y comodidad. La reciente ampliación del espacio, hace que podamos disfrutar más aún de estas artísticas galerías y salones.
GASTRONOMÍA

Un cocina con personalidad. La cocina de La Parrilla se resiste a ser etiquetada dentro de una escuela concreta o de una moda o de una filosofía culinaria. Constituye una admirable síntesis de la cocina tradicional y de las últimas propuestas contemporáneas. En realidad su fórmula es bien simple: los mejores productos tratados con sabiduría e imaginación.

Las carnes, fruto óptimo de nuestra tierra tienen nombres concretos: Lechazo del Esgueva, con origen de pastos aromáticos, el tierno Cochinillo del Páramo, los Cabritos de la zamorana Sierra de la Culebra o de los chuletones de Ávila o Sanabria. O si hablamos de pescado, de los mares próximos a la meseta llegan cada día hasta la Parrilla, como trofeos recientes, merluzas, rapes, salmones, lenguado, besugo, rodaballo, lubina. El arte de la cocina los transforma en espléndidos frutos de mesa a la medida de los gustos más exigentes.

En los postres se logra una afortunada complicidad entre la vieja y exquisita artesanía de las religiosas y el dominio y la maestría de nuestro Chef. De esa síntesis el comensal puede elegir entre una Tarta de las Monjas, Tarta de Queso y Helados Caseros, por citar algunos ejemplos de esta propuesta. Los vinos tienen sitio y tratamiento especial. Una artística bodega alberga con los más exigentes cuidados de luz y temperatura los caldos con más personalidad de las distintas regiones: Rioja, Ribera del Duero, Penedés, Rueda… El cliente accede personalmete a este santuario y elige la botella que va a degustar durante la comida.

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